Ciudad de Victoria, Entre Ríos

Escondida entre lomadas y cuchillas, en el comienzo del imponente Delta del Paraná, al sudoeste de la provincia de Entre Ríos, la ciudad de Victoria ha sido privilegiada con dotes geográficas que la tornan incomparable. Perfecta amalgama de paisajes, mística cultura de sus primeros habitantes, relatos e historia de españoles, estampas de la época colonial y vestigios de un esplendoroso pasado, seduce a desafiar la sinuosidad de su terreno y descubrir su atractivo.

Al sudoeste de Entre Ríos, apretada entre áreas rurales de grandes riquezas y humedales con riachos desprendidos del río Paraná, Victoria se asoma sobre un relieve de colinas conservando en su extensión el aroma a pueblo de otros tiempos y desarrollando paralelamente sus condiciones de ciudad moderna, provista de todo lo necesario para satisfacer las exigencias del turismo.

Playas y balnearios, excursiones paisajísticas, espléndidos carnavales, agroturismo, espacios históricos, deportes náuticos e innumerables pesqueros deportivos, conforman la propuesta turística de la ciudad de Victoria, la que alcanza su máxima expresión en la sofisticación de su casino, así como en las bondades de su impecable complejo termal.

Amplia oferta gastronómica, hotelera y recreativa, la ciudad de las Siete Colinaspromete a sus visitantes estadía cómoda, placentera, diferente, desestresante y decididamente entretenida en el momento del año que decidan.

Historia
Tierras ocupadas desde tiempos remotos por los indios minuanes, cuyo asentamiento habría persistido hasta mediados del Siglo XVIII, las extensiones sobre las que se alzaría con posterioridad la ciudad, fue durante largo tiempo campo de batalla entre nativos que defendían sus dominios y españoles que llegaban para dominar.
La desaparición de los minuanes se daría en forma paralela con la ocupación de la zona del Cerro de la Matanza por otros grupos.

Ya a principios de 1800, inmigrantes de origen vasco se localizaron en lo que se conocería como Barrio V Cuartel o Barrio de las Caleras, dedicándose a la explotación de la piedra caliza, lo que caracterizaría al lugar permitiendo su crecimiento.

Llegaron también por aquellos años inmigrantes italianos, en su mayoría genoveses, y se construyó el primer Oratorio sobre una de las colinas en cercanías de los riachos.

Para 1824 ya había sido determinado el alcance del ejido municipal y, en 1831, un decreto cambiaría el nombre original de La Matanza por Villa Nuestra Señora de Aranzazu, o simplemente Victoria.

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